martes, 16 de diciembre de 2008

Hitler y su obsesión por las sandías

"Sandien por el esfinter, Eva. Oh, das ist gut"




Esta fue la famosa frase que Adolf Hitler dijo a Eva Brown cuando contrajeron matrimonio el 29 de abril de 1945, sitiados en su bunker de Berlín. Desde entonces, mucho se ha especulado sobre la obsesión de Adolfo por las sandías.
Ya de pequeño, Adolfito rechazaba el pecho de su madre y toda clase de productos lácteos, así que su madre buscó ayuda en El Diario de Patricia, donde un prestigioso científico llamado Paco Porras le recetó sandía en polvo.
El pequeño Adolfo no tardó en aficionarse a este brebaje, llegando a tomar cantidades ingentes de una sola sentada. Adolfo crecía como un niño normal y también crecía su hambre de sandía, pasando de ingerirla en polvo a licuarla y por último a comérselas con cáscara.
Ya en la adolescencia, Adolfo cursa estudios de formación profesional en la rama de dominación mundial. Tras repetir segundo por tercera vez, decide ponerse a trabajar en un Burguer King para pagarse un curso de jardinería de Planeta DeAgostini para cultivar sus propias sandías.
Allí conoce a otros futuros jardineros como él, con quienes pronto entabla amistad llegando a formar una banda de canción ligera llamada “Adolfito y los Adolfitipaldis” que serían ganadores del XX certamen de maquetas de Benidorm.
Siendo Adolfo líder de su banda y un jardinero consumado, conoce durante un concierto de Bertín Osborne (de los cuales eran teloneros) a Eva Brown, quién pronto se declara su mayor groupie. Juntos emprenden una de las mayores empresas de Adolfo, cultivar sandías por toda Europa. Ya eran famosas las sandías de Hitler en Alemania y pronto lo serían en Polonia, Dinamarca y Noruega. Pero Gran Bretaña y Francia, países exportadores de sandías, no podían dejar que se hiciera con el mercado, así que le declararon la guerra a los precios. Adolfo cultivaba todas las sandías que podía, quería copar el mercado con precios aún más bajos. La guerra de los precios llegaba su fin y Adolfo lideraba el mercado de la sandía. Pero Estados Unidos, sabedor de la gran expansión de la sandía, también declaró la guerra y derrotó a Hitler con los chiquiprecios.
Adoolfo, derrotado y humillado, huye con Eva Brown a su invernadero situado en un bunker de Berlín, donde deciden suicidarse empachándose con todas las sandías que no habían podido lanzar al mercado.

2 comentarios:

PAKY dijo...

Menos mal que a Hitler le dió por las sandías.... le llega a dar la neura de esclavizar judíos y realizar experimentos genéticos para obtener alemanitos y alemanitas rubitos y de ojos azules, y la que hubiese liado el condenao... Muy bueno el post. Saludos.

Álvaro dijo...

Vaya basura de blogspot, Hitler no hacía sandías sino campos de concentración tontos